22 Octubre 2009 - 10:20 pmLas costas de la ciudadanía

Lamentablemente, al parecer no todo el mundo le concedió al debate constitucional sobre el acceso a las playas la relevancia que ameritaba el tema. O al menos el que yo -disculpen la personalización- creo que tiene.
Constitucionalizar la primacía de la propiedad privada sobre el derecho soberano de cada ciudadano de este país a disfrutar de sus playas, sus costas y las riberas de sus ríos, representa una vileza legislativa de la peor especie. Algo que sobrepasa el récord de desvergüenza que han establecido los hombres y mujeres que dicen llamarse legisladores y que fueron electos por aquellos mismos que ahora con tanta ligereza traicionan en beneficio de los grandes intereses económicos.
La parte del engendro constitucional que establece esta nueva ignominia, dispone que “las cuencas altas de los ríos y las zonas de biodiversidad endémica, serán objeto de protección especial por parte de los poderes públicos para garantizar su gestión y preservación como bienes fundamentales de la Nación. Sin perjuicio de los derechos de propiedad privada, las playas y costas nacionales, ríos, lagos, lagunas, son de libre acceso al público, en las condiciones y formas que determine la ley”.
En los debates que siguieron a esta traición legislativa, muchos se quedaron en las ramas y lo simplificaron a la realidad fáctica de que, de hecho, la mayoría de las playas en la República Dominicana ya soportan banderas de propiedad colocadas por “dueños” ilegales que enarbolando sus títulos sobre porciones de terreno cercanos a las costas, han elongado sus tierras hasta llegar a la prohibida orilla del mar.
Otros, los ubicados entre los propietarios y también detrás de ellos, hicieron suya la postura de que para conservar mejor los atractivos de esas playas turísticas ya repartidas entre cientos de hoteles, lo mejor es mantenerlas vedadas a quienes habitan estas tierras, para que sólo sean accesibles a quienes viajan en las alas de los dólares y los euros.
Y aunque en un primer intento -oh engañosa pretensión- triunfó la cordura y se consagró la libertad de las playas dominicanas, ese instante poco duró, porque la presión desatada sobre los asambleístas no dejó margen para un nuevo error.
Entonces se encontraron subterfugios para la revisión, algo que jamás sucedió con el debatido tema del aborto, para que triunfara el entreguismo de Leonel Fernández, ahora aliado a los intereses turísticos y hoteleros de Miguel Vargas Maldonado, empresario exitoso, político no tanto, que antepuso sus inversiones económicas a su compromiso ciudadano.
Parecen ignorar quienes se han mostrado partidarios o indolentes ante este menoscabo de la libertad y la democracia de las que tanto se pregona, que la ciudadanía comienza en el primer milímetro de tierra de esas costas bañadas por el mar Caribe, a las que ahora ya no tenemos derecho.
Mostrar Artículo Completo | 1 Comentario | Tags: General |






