7 Marzo 2008 - 3:14 pmLas ondas expansivas de una muerte

Posiblemente ningún acto en toda la vida guerrillera de Luis Edgar Devia, alias “Raúl Reyes” haya causado tanto revuelo como el que ha ocasionado el “número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)” con su muerte. Reyes murió durante un bombardeo de aviones colombianos que incursionaron en territorio ecuatoriano donde el guerrillero había ubicado su campamento.No creo que sea este el momento de discutir si las FARC son una fuerza terrorista o si han recurrido a cometer actos de terrorismo para llevar a cabo sus propósitos. Este tema es profundo, amplio y muy escabroso, porque ante el “terrorismo” de las FARC se podría contraponer el terrorismo de los paramilitares, que ni se tomaban el trabajo de capturar rehenes, sino que simplemente desaparecían a las personas.

O quizás podríamos sepultarnos en las honduras de un análisis acerca de si muchos de los actos cometidos por el gobierno de Estados Unidos caben bajo el término de “terrorismo de Estado”, que en mi opinión es mucho peor. Claro, que eso habría que preguntárselo a los iraquíes, a los afganos o a los propios libios.

En el caso de la muerte de Reyes, el vórtice de la polémica internacional ha estado centrado en la ilegalidad o no de la incursión del ejército colombiano en el territorio de un país vecino. Ecuador ha protestado en todas las tribunas y ha solicitado la condena de la acción del gobierno de Bogotá, que, apoyado por Estados Unidos, se ha escudado en la tesis geopolítica de la defensa de la seguridad nacional.

No creo que el campamento en que descansaba el guerrillero Reyes sea nuevo. Tampoco soy de la opinión de que es ahora, con el gobierno izquierdista de Rafael Correa, que los combatientes de las FARC hayan traspasado la frontera colombiano-ecuatoriana por primera vez.

Sin embargo, sí me llama la atención que sea precisamente en este momento que el gobierno del presidente Álvaro Uribe haya decidido emprender una acción militar de tal envergadura.

También me resulta curioso que a menos de una semana de los hechos, el Banco Mundial, con sede en Washington, y presidido por el ex subsecretario de Estado norteamericano, Robert Zoellick, le haya aprobado a Colombia un préstamo de 300 millones de dólares “para la educación”.

Otro detalle que me parece interesante es que el presidente Álvaro Uribe hable con tanta fuerza de la lucha contra el terrorismo, cuando su propio gobierno ha estado sacudido por escándalos de vínculos con los terroristas paramilitares.

Sólo habría que recordar la forzada renuncia de su anterior canciller, María Consuelo Araújo, porque su padre y su hermano, conocidos legisladores que habían apoyado a Uribe, estaban siendo investigados por haber recibido dinero de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia, uno de los grupos paramilitares más agresivos.

Claro que aquello de “defender la seguridad nacional” también podría ser discutible, por más que nos lo quieran vender desde Washington. Simplemente no me imagina cuál sería la reacción de la Casa Blanca si un comando de los efectivos organismos de seguridad cubanos hubieran incursionado en territorio estadounidense para ajustarle las cuentas a Luis Posada Carriles, un connotado terrorista, que acumula en su prontuario criminal la explosión en el aire de un avión de Cubana de Aviación y muchos, muchísimos planes para asesinar al ahora retirado presidente de Cuba, Fidel Castro.

La verdad  sea dicha, tampoco comparto la actitud asumida por el mandatario venezolano, Hugo Chávez, que parece haber recogido la antorcha vocinglera del octogenario Castro, y se ha involucrado, al igual que el sandinista Daniel Ortega, en un conflicto que puede serle cercano, pero que en realidad no le concierne.

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