30 Abril 2008 - 10:49 amLa bomba atómica oficialista

En estos momentos finales de la campaña - confieso que inicialmente había escrito cruciales, pero luego lo pensé mejor, porque en la actual contienda electoral no ha habido de esos momentos-, cuando proliferan las teorías y las asimilaciones estratégicas de las campañas, sobre todo la del partido oficialista, con los grandes teóricos de la guerra, no puedo evitar pensar en Hiroshima y Nagasaki.

La analogía podría parecerle atrevida a muchos, pero realmente esa política de arrasar con todo, sobre todo, si como afirman los voceros del oficialismo, esta batalla está ganada por mucho, me parece un exceso, que en realidad dice mucho acerca de lo en qué se ha convertido la organización política fundada por el Profesor Juan Bosch.

No creo que a todos los “compañeros de la base”, los que salen de verdad a hacer campaña, les agraden todas las nuevas “adquisiciones” que ha hecho el candidato Presidente de la República en sus correrías de compras por otros partidos.

Claro que las llamadas nominillas CB se crearon precisamente para poder ahogar el potencial disgusto de las bases del partido oficialista. Y naturalmente funcionó. Habría que ver ahora cuál es el método que se está utilizando para distribuir esos recursos después que saliera a la luz pública la fórmula anterior y se creara todo un revuelo en torno al tema.

Realmente resulta lastimoso contemplar algunos de los actos de juramentación que se ha colgado de la correa, como si fueran un botín de caza, el candidato del oficialismo. No sabría qué decir acerca, por ejemplo de la “conversión” de perredeístas antes furibundos, de quienes se ha dicho que tomaron la decisión por apuros financieros. Incluso se han mencionado cifras concretas de la transacción.

Tampoco tuvo buen sabor la desbandada de la dirigencia en pleno de la juventud reformista. Especialmente si apenas días antes, el presidente de esa instancia del partido colorado, había sido el encargado de dar lectura, en la propia Junta Central Electoral, con mucha vehemencia, del manifiesto fundamentando la inscripción de la candidatura de Amable Aristy Castro. Lamentable.

Y aparentemente todo sería por gusto, porque el candidato del oficialismo estaría ganado con votos confirmados para darle un porcentaje por encima del 50 por ciento, lo que le garantizaría el anhelado triunfo en primera vuelta. Algunos de sus alabarderos incluso insisten en que la victoria no puede ser por menos de un 60 por ciento.

A pocos le quedan dudas de que el ciudadano Presidente también ganará esta contienda. Por mucho. Lo que siempre quedará en entredicho es la calidad de esa conquista basada en los subsidios a los productos básicos que necesita la población empobrecida y el aniquilamiento electoral de sus contrarios políticos.

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1 Abril 2008 - 11:31 amSOS para el idioma español

Cada día me sorprendo más al ver los efectos del desarrollo, el progreso y la globalización en nuestra lengua materna. Es escaso lo que va quedando ya del español que hablaban nuestros antepasados. La lengua heredada de los colonizadores llegados a este Nuevo Mundo desde la Madre Patria ha ido recibiendo unos “sueros” idiomáticos que poco tenemos que agradecer.

No les falta razón a muchos lingüistas, cuando sostienen que la lengua es un ente móvil, sujeto a constantes transformaciones, y sería tonto pretender que el español se hubiera quedado estático sin los cambios que llegaron con el devenir de las propias sociedades. No es de eso de lo que hablo.

Tampoco se trata sólo de la inclusión de modismos y frases, algunos ya santificados por la Real Academia de la Lengua Española y otros a los que esa venerable institución aún no se ha atrevido a bendecir.

Creo que es más grave el contagioso facilismo del que todos somos víctimas, cuando preferimos oír o ver las noticias, por ejemplo, que leerlas en un periódico, o en el momento en que cambiamos el canal donde están exhibiendo una buena película, pero en inglés y con subtítulos en español, a uno que proyecta una cinta mediocre doblada al español, únicamente por no tener que leer.

Y esa, digamos vagancia, nos está costando caro. Al dejar de leer –no conozco al detalle las estadísticas actuales de ventas de libros en el país, pero deben ser fatales-, dejamos de familiarizarnos con la forma de escribir, con todas las consecuencias que eso acarrea.

Bastaría echar un vistazo a los comentarios que envían los lectores de los periódicos digitales sobre los artículos que son su interés, para constatar cuán preocupante puede ser esa realidad.

Más allá de las faltas ortográficas inducidas, que podrían ser quizás para disfrazar el nivel educacional del remitente, me inquieta el modo de escribir fonético de muchos, es decir que no escriben como se escriben las palabras, sino como se pronuncian, y en algunos casos extremos, como piensan que se pronuncian.

No menos peso ejerce sobre el pobre español la avalancha de anglicismos que nos han llegado en el tren de la globalización. En ocasiones es difícil entenderse con un grupo de jóvenes que han prohijado numerosos términos españolizados, provenientes del inglés, como si nuestro idioma no fuera lo suficiente rico y profundo para proveer todos los vocablos necesarios para comunicarnos.

Por eso, entre otras razones, es que la exitosa escritora británica J.K. Rowling, la creadora de Harry Potter, ha sido tan ensalzada en todo el mundo. A ella, en gran medida le debemos, que nuestros niños hayan vuelto al mágico mundo de voltear las hojas de un libro, no solamente para estudiar, sino para recrearse con las historias de la literatura.

Sin embargo ese entusiasmo que se apoderado de los pequeños en torno al aprendiz de mago, no alcanza de ninguna manera a los adultos, que desechan un buen libro o un buen artículo de un periódico o una revista.

Por si no lo han notado, en nuestros medios, proliferan las notas informativas, cortas y poco problemáticas, en desmedro de los grandes reportajes, los comentarios y las enjundiosas crónicas. Para esos géneros periodísticos no son suficientes los deseos, pero tampoco los lectores. Lamentablemente.

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