30 Mayo 2008 - 5:01 pmPaisaje después de la batalla

Me he tomado un tiempo de reflexión, luego de que se confirmaran en las urnas los resultados de todas las encuestas, todos los pronósticos y todos los augurios, cabalísticos o no, que siempre dieron como ganador en los comicios presidenciales al actual mandatario Leonel Fernández Reyna.
¡Y ahora a trabajar!, dirían los más optimistas oidores de los confiados discursos postelectorales del Presidente: “La reelección ya no constituye un trauma electoral en la República Dominicana”, afirma por un lado, como un claro preludio de la modificación constitucional que viene, a lo mejor sin pensar que, tal como ya ha sucedido en el pasado, ese paso podría abrir la puerta para algunos de sus contrarios.
Profundizando el éxito diplomático que ciertamente tuvieron sus esfuerzos en la Cumbre del Grupo de Río, y tal vez como una prueba de que también puede ser un prospecto a tomar en cuenta para la secretaría general de la OEA, o quizás, ¿por qué no?, par ese mismo cargo, pero a nivel planetario, en la mismísima Organización de Naciones Unidas. Sería, sin lugar a dudas, como un regreso triunfal a Nueva York, la Gran Manzana.
Pero démosle tiempo al tiempo, e intentemos regresar a lo que serán estos cuatro años, con un petróleo caro y una crisis alimentaria a nivel mundial, que no hace más que extenderse como una epidemia.
La fórmula de los subsidios, por populista, logró los aplausos de la mayoría, aunque no pocas voces se levantaron a señalar las flaquezas de unas propuestas con el claro signo electorero.
Ahora, sin embargo, sobran los subsidios y escasean los recursos. Ya se contaron los votos y los que sufragaron a favor quieren más, igual que los que votaron en contra.
Por supuesto, que gracias a la voracidad -más que eficiencia- fiscal de este gobierno, siempre habrá posibilidades “inagotables”, como la República, de exprimir a la ciudadanía dominicana responsable, ésa que paga los impuestos.
En fin, que si hubo una advertencia para alguien en estos comicios, fue para la izquierda, que a pesar de haber acudido a las elecciones con el mejor de los candidatos, únicamente pudo atraer los sufragios de un 0.44 por ciento de la población votante.
Si Guillermo Moreno no se duerme en los laureles, ni pacta compromisos “peligrosos”, podría ser posible que su candidatura se lleve los lauros presidenciales, si no en el próximo encuentro en las urnas, pues entonces en el otro. Depende de su paciencia y de cuán verdadero sea su interés en cambiar los destinos de este país.

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