20 Mayo 2009 - 10:53 pmLos enigmas de una muerte sin anunciar

El cadáver de Rolando Florián Féliz

Toda la controversia que generó Rolando Florián Féliz en su violenta vida de capo narcotraficante le siguió hasta más allá de su muerte. Para acabar con él, fueron necesarios ocho balazos disparados por un capitán en la Cárcel de Najayo, donde Florián guardaba prisión.

Aún cuando no es su costumbre, las autoridades dispusieron que el capitán declarara de inmediato ante los medios de prensa. Incluso con su herida en el labio, supuestamente causada por un agresivo Florián que, según las declaraciones del oficial, quiso rebanarle el cuello a él y a un coronel que lo acompañaba.

Y en torno a esas circunstancias es que se tejen las interrogantes. Florián, un delincuente habituado a lidiar con las autoridades de los penales donde había estado recluido, en esta ocasión, en lugar de echar mano a la bolsa, que tan pródigamente repartía, decidió recurrir a un cuchillo para acabar con aquellos que le impedían tener a dos mujeres en su celda.

Resulta algo inexplicable que Rolando Florián, quien ya había cumplido más de 14 años de su condena original de 20 años por narcotráfico, haya optado por la vía violenta ante los dos oficiales, estando casi en las vísperas de la audiencia para conocer su petición de libertad condicional.

Por supuesto, siempre saldrán los que consideren que Florián, el narcotraficante, “bien muerto está”. Pero esa muerte le hace un flaco servicio a la justicia, porque entonces para qué llevar a los tribunales a un criminal, si luego que esté cerca de concluir su condena, simplemente es acribillado a balazos en un confuso incidente sobre el cual corren miles de versiones y rumores.

También está la duda si esa muerte, ocasionada “en defensa propia”, se puede contar como un favor a la sociedad, o a algún otro capo, a quien la presencia de Florián y su eventual salida de la cárcel podrían ocasionarle cualquier tipo de molestia.

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18 Mayo 2009 - 6:54 pmMario Benedetti ha muerto…

Mario Benedetti, el poeta de las mil voces

…Y con él también será sepultada un poco la poesía. Esa poesía reverberante y revolucionaria, en su mejor término, revolucionaria por quebradora de costumbres y fronteras.

Ha muerto Mario Benedetti, uruguayo de nacimiento, pero también ciudadano del mundo. Era en parte mío, de usted, de aquella, y de todos. Recuerdo que en mi cada vez más lejana juventud, haber leído “La Tregua”, me marcó, como pocas novelas lo han hecho.

A tal punto me sentí “tocada” por la historia que me convertí, quizás en la mejor agente multiplicadora del libro, pues en cada librería o feria en que me tropezaba con cualquier edición de esa novela, me encargaba de comprarla para regalarla a amigos. Así, casi todas mis amistades cuentan con un ejemplar de “La Tregua”, regalado por mí, y para algunas de ellas es uno de los libros “imprestables” de su biblioteca.

Ha muerto Mario Benedetti, y con su muerte acompaña la partida de un entrañable amigo, Tito, que también nos dejó desamparados por su fallecimiento a destiempo.

Ha muerto Mario Benedetti, el de “Táctica y Estrategia”. ¿La recuerdan?

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo,
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

Ha muerto Mario Benedetti, el de “Te quiero”, el de “Primavera con una esquina rota” y el de “El Sur también existe”.
Aquí les dejo el link de un video de Youtube, en el que la cantante Tania Libertad hace una de las más bellas interpretaciones de “Te quiero”.

http://www.youtube.com/watch?v=4I3oVZYaRvI&feature=related

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17 Mayo 2009 - 9:45 pmUna frase famosa

Confieso que no puedo recordar cuándo la escuché por primera vez, y siempre la asocié al imaginarium popular, porque después de aquella ocasión inicial, han sido innúmeras las veces en que la he vuelto a oír, siempre adjudicada a un protagonista diferente.

Pero ahora, en realidad no tengo por qué dudar de que sea cierta esta versión, pues quien me lo contó, supuestamente es el verdadero sujeto de la historia, avalado además por un testigo presencial de los hechos, cuya veracidad tampoco cuestiono, a pesar de haber estado abundantemente regada por deliciosas copas de ron Siboney, que no deja de ser, en cierta forma, también un actor importante de esta anécdota.

En fin, que el esposo de mi amiga Mercedes, el inefable Don Alfonso Cochón, me contó que un día, en su alocada juventud -como él mismo la describe-, quiso, junto a un amigo, quien dio fe de la anécdota, pero me pidió que le guardara el anonimato, pasarla bien en El Golfito Tennis Club, uno de los sitios de la capital que en aquella época era la “créme de la créme”, entonces ubicado en la Avenida Bolívar.

Según Don Alfonso, o El Príncipe, como todavía no pocos de sus conocidos y allegados lo llaman, antes de hacer su entrada en el Club, y bajo la influencia de algunos tragos, decidieron pasar a recoger a un par de damas, que no hubieran sido precisamente aceptadas por las buenas normas morales de la alta sociedad. Como las describe el protagonista de la historia, “eran dos morenas, bellas, altas y esbeltas, que llevaban dos vestidos tan apretados que era poco lo que quedada por mostrar”.

Y así, con sus acompañantes, Don Alfonso y su amigo llegaron a El Golfito Tennis Club. Allí, ante la llamativa presencia de las damas que iban con ellos, la administración del lugar se puso a sudar la gota gorda por el apuro. Al fin, y ante la presión de otros presentes, el encargado se acercó a la mesa habitual de El Príncipe y le susurró: “Señor Alfonso, disculpe, pero usted sabe que aquí no puede venir con mujeres de dudosa reputación”. A lo que Don Alfonso contestó: “¿De dudosa reputación? No. Estas son putas, las de dudosa reputación son aquellas que están allá”, en referencia a las damas de sociedad que contemplaban el incidente con mirada escandalizada.

Vuelvo a reiterar que ya he perdido la cuenta de las veces que he escuchado esta misma historia con diferentes protagonistas. Estoy segura que muchos de ustedes también la habrán oído con sus propios actores principales. Pero en este caso, me lo contó Don Alfonso, quien me juró que había sido él, y yo, luego de otro sorbo de Siboney, no hice más que asentir y aplaudirle la ocurrencia.

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