17 Mayo 2009 - 9:45 pmUna frase famosa
Confieso que no puedo recordar cuándo la escuché por primera vez, y siempre la asocié al imaginarium popular, porque después de aquella ocasión inicial, han sido innúmeras las veces en que la he vuelto a oÃr, siempre adjudicada a un protagonista diferente.
Pero ahora, en realidad no tengo por qué dudar de que sea cierta esta versión, pues quien me lo contó, supuestamente es el verdadero sujeto de la historia, avalado además por un testigo presencial de los hechos, cuya veracidad tampoco cuestiono, a pesar de haber estado abundantemente regada por deliciosas copas de ron Siboney, que no deja de ser, en cierta forma, también un actor importante de esta anécdota.
En fin, que el esposo de mi amiga Mercedes, el inefable Don Alfonso Cochón, me contó que un dÃa, en su alocada juventud -como él mismo la describe-, quiso, junto a un amigo, quien dio fe de la anécdota, pero me pidió que le guardara el anonimato, pasarla bien en El Golfito Tennis Club, uno de los sitios de la capital que en aquella época era la “créme de la créme”, entonces ubicado en la Avenida BolÃvar.
Según Don Alfonso, o El PrÃncipe, como todavÃa no pocos de sus conocidos y allegados lo llaman, antes de hacer su entrada en el Club, y bajo la influencia de algunos tragos, decidieron pasar a recoger a un par de damas, que no hubieran sido precisamente aceptadas por las buenas normas morales de la alta sociedad. Como las describe el protagonista de la historia, “eran dos morenas, bellas, altas y esbeltas, que llevaban dos vestidos tan apretados que era poco lo que quedada por mostrar”.
Y asÃ, con sus acompañantes, Don Alfonso y su amigo llegaron a El Golfito Tennis Club. AllÃ, ante la llamativa presencia de las damas que iban con ellos, la administración del lugar se puso a sudar la gota gorda por el apuro. Al fin, y ante la presión de otros presentes, el encargado se acercó a la mesa habitual de El PrÃncipe y le susurró: “Señor Alfonso, disculpe, pero usted sabe que aquà no puede venir con mujeres de dudosa reputación”. A lo que Don Alfonso contestó: “¿De dudosa reputación? No. Estas son putas, las de dudosa reputación son aquellas que están allá”, en referencia a las damas de sociedad que contemplaban el incidente con mirada escandalizada.
Vuelvo a reiterar que ya he perdido la cuenta de las veces que he escuchado esta misma historia con diferentes protagonistas. Estoy segura que muchos de ustedes también la habrán oÃdo con sus propios actores principales. Pero en este caso, me lo contó Don Alfonso, quien me juró que habÃa sido él, y yo, luego de otro sorbo de Siboney, no hice más que asentir y aplaudirle la ocurrencia.
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